La Mancera

Folleto informativo año 2014, nº 60

Coordinan: Luis Torrecilla Hernández y Pedro María Herrero


Con el número 60 que usted tiene entre las manos, se cierra un ciclo en el que hemos intentado reflejar -hasta donde nos ha sido posible- la vida de Cañizal a lo largo de estos diez años. Pero también ha sido un modesto trampolín para poder lanzarnos al conocimiento, siempre insuficiente, de las memorias viejas -¡qué lejano nos parece ya el pasado siglo con oficios que han desaparecido!- y de su historia desde su nacimiento como aldea en los inicios del siglo XII hasta la actualidad.

Tras esta década informativa, que con el tiempo será valorada en su justa medida, hemos sentido la necesidad de llevar a cabo una renovación profunda -“renovarse o morir”, dijo alguien- buscando una nueva forma de divulgación que pueda servirnos para los próximos años.

La Mancera muere por agotamiento, no por falta de ideas o de ilusión. Tras 60 números era difícil mantener epígrafes como “Memorias de…”, o “El Rincón de la Historia”. Por ello en la reunión mantenida el pasado mes de Noviembre llegamos a la conclusión de que La Mancera, como boletín, se cerraba con el número 60 y de la necesidad de buscar otras vías para seguir escribiendo la vida de Cañizal.

Una de las ideas expuestas consideró la posibilidad de hacer una revista de tirada anual con secciones nuevas y donde la fotografía tuviera un protagonismo especial.

La idea, que en principio resulta muy interesante, necesitará de una mayor colaboración de los socios y un firme compromiso por parte de todos para llevarse a cabo.

Aprovechamos este último número de La Mancera como boletín informativo para pedir, tanto a los socios como a los que no lo son, que nos asesoren sobre las posibles secciones que podría llevar esa futura revista y sobre qué contenidos podría incluir.

Antes de terminar queremos agradecer la colaboración de quienes nos han ayudado a lo largo de estos diez años con su trabajo; también la ayuda prestada por aquellos que con una crítica constructiva nos han asesorado sobre posibles mejoras en el boletín que hoy cerramos.

A quienes han guardado los distintos números de La Mancera a lo largo de estos años nos gustaría darles un consejo: guarden como oro en paño la colección y, si pueden, encuadernen los números para que no se pierdan.

Estamos seguros de que con los años aumentará su valor como documento histórico y documental.


Memorias de ... la Casa Blasonada

Según nos cuentan los más viejos de Cañizal, hombres y mujeres curtidos en una sabiduría secular, hubo en los pasados siglos una Casa Noble en nuestro pueblo que llegó a ser declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León en los últimos años del siglo XX.

Consultando archivos que guarda el ayuntamiento, en especial una revista que con el título de La Mancera se editó en los primeros años del siglo XXI, la fachada de dicha Casa se mantuvo en pie hasta bien entrado el siglo XXI, derrumbándose totalmente en años posteriores sin que sepamos, a ciencia cierta, el momento.

Por los estudios realizados dicha casa se hallaba en la calle de la Plata en los espacios que hoy ocupa el corral de un labrador. Dicen los documentos consultados que la Casa perteneció a la nobleza rural y que fue construida a finales del siglo XVIII.

Otros documentos nos indican que el hermoso blasón de la casa desapareció en las labores de derribo. El escrito de un arquitecto de aquellos años asegura que al preguntar a los obreros que demolían el edificio por el destino del Escudo, le contestaron que se había desplomado y “hecho añicos contra el suelo”.

En el número tres del boletín de una asociación que llevó el nombre de Asociación Cultural Pro-Cañizal -número que guarda, como tesoro heredado de sus mayores, una mujer del pueblo- se relata con claridad lo que sigue:

“…La casa de los Lalos, como se ha conocido en los últimos años, es una vivienda realizada en sillería con una hermosa fachada que impresiona por la belleza de su simetría y por sus grandes ventanales. Aunque lo que más llama la atención es el bien conservado escudo que se resguarda bajo una cornisa formada por un arco de medio punto. La Casa Noble de Cañizal que aparece en los libros de Arte editados por la Junta de Castilla y León y cuya fachada asombra a propios y extraños por la belleza de su composición, está condenada al derrumbe -fachada incluida- ante la indiferencia general. Desde la Asociación Cultural Pro-Cañizal queremos hacer una llamada -mejor sería decir un grito de socorro- a las autoridades o a quien corresponda para que salven lo que aún queda de este hermoso patrimonio que hemos heredado de nuestros mayores y que estamos en la obligación de dejar a futuras generaciones de jariegos. ¡Que no seamos los últimos en admirar La Casa Blasonada de Cañizal!

Nos cuesta creer cómo después de tan desesperada llamada de socorro ante el inminente derrumbe, ni las Autoridades, ni la Asociación, ni vecino alguno hiciesen algo por salvar tan hermoso monumento. Algo que perteneció al legado histórico, artístico y cultural de nuestro pueblo y que ni nosotros ni nuestros hijos podremos ya contemplar.

Pero así son las cosas y así se los hemos contado en estos inicios del siglo XXII.


Noticias que nos atañen


El rincón de la historia: Cañizal (V)

En los inicios del siglo XIX, Antonio Gómez de la Torre, escribe en su “Coreografía de la Provincia de Toro” que Cañizal se halla sin la pujanza de años anteriores. Culpa de ello a “los viñeros que compran cuanto fruto se les presenta, así en esta población como en las inmediatas. Estos pocos hombres han intentado siempre la ruina de la villa rica y populosa en tiempos pasados, ya con este comercio como con resistirse a contribuir como verdaderos poseedores de fincas en su término al pago de tributos, y así para obligarles ha tenido que sufrir pleitos muy costosos; la contribución actual con respecto a la antigua…demuestra muy bien la decadencia de esta población, que antes sobresalía o era casi única muchas leguas alrededor en la cosecha de vino…”.

Seis años después de la publicación la Coreografía (1802) se inicia la Guerra de la Independencia, guerra que llevará a la ruina a muchas poblaciones al tener que contribuir con grano, madera y otros bienes a mantener ejércitos que se hallaban de paso y que necesitaban alimentar a numerosos soldados.

El 20 de Julio de 1812 tendrán lugar, en los alrededores de Cañizal, una serie de combates entre los aliados comandados por Wellington y los franceses del mariscal Marmont. Combates que los portugueses del ejército aliado nombran como Combates de Cañizal y que junto con “La Marcha Paralela” han sido recreados en nuestro pueblo.

Cañizal como centro de avituallamiento y parada del ejército aliado tendría que contribuir a su mantenimiento en aquellos días de julio previos a la batalla de los Arapiles.

En el año 1837 se disuelven los señoríos aunque las exenciones eclesiásticas no desaparecen totalmente hasta 1851.

La jurisdicción eclesiástica de Cañizal fue de la Orden de San Juan hasta 1873, año en el que Pío IX suprime dicha jurisdicción y agrega nuestro pueblo al obispado.

Los últimos años del siglo XIX corresponden a la alcaldía de Pablo Monforte Peña que ostentó durante 29 años los cargos de Juez Municipal, Fiscal, Presidente de la Junta Revolucionaria del año 1868, Concejal, Síndico, Alcalde…

El siglo XX se inició con una población cercana a los dos mil habitantes pero con una riqueza mal distribuida que haría que muchos jariegos emigraran a Argentina, Cuba y otros países.

En 1913 se constituye la Comunidad de Labradores de Cañizal, y se inicia en ligero despunte económico hasta los años de la Guerra Civil.

Tras esta vuelven los años de escasez y racionamiento con muchos jariegos que se ven obligados a emigrar, esta vez a naciones como Alemania, Suiza y Bélgica o a ciudades españolas como Barcelona, Vitoria, Madrid, Valladolid, etc.

Pero sobre estos años y la primera década del presente siglo hemos escrito, a lo largo de diez años, en La Mancera.


LA VOZ DEL SOCIO

Dorinda Herrero Sánchez salió de Cañizal con quince años. En la actualidad vive en Getafe, desde donde colabora con su familia en las distintas actividades que lleva a cabo nuestra Asociación.

¿Cuál es su recuerdo más querido?

Uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia, sin duda alguna, era cuando mi abuelo Cesáreo me contaba todas aquellas historias acerca de sus vivencias en Cuba, Buenos Aires, etc. Me quedaba fascinada oyéndole hablar. Por otro lado acordarme de aquellos viajes que hacíamos en carro mi padre y yo, para ir de un pueblo a otro a vender, me hacen sentir mucha nostalgia.

¿Qué actividades suele hacer en su tiempo libre?

Me encanta ir a Museos, practicar con el ordenador e intentar el máximo de ejercicio posible. Todas las semanas hago natación, gimnasia y en los últimos años practico Yoga.

¿Qué echa de menos en Cañizal?

Creo que en Cañizal hace falta que se vuelva a crear un centro social, dependiente del ayuntamiento, donde se puedan reunir las personas mayores.

¿De qué acontecimientos de su vida personal se acuerda especialmente?

Aquellos domingos por la tarde, en invierno, cuando todas las amigas íbamos a casa de alguna a jugar. Montábamos teatros, bautizábamos a las muñecas, etc. Las madres se ponían de los nervios de la que armábamos.

Si pudiera cambiar el Mundo, comenzaría por...

Quitaría muchas cosas de este mundo, como el acumulo de dinero, las envidias, el egoísmo de muchos y, como bien dice Víctor Herrero, quitaría de sus puestos a todos aquellos inútiles que nos gobiernan.

¿Un deseo para el futuro?

Desearía que el pueblo volviese a tener trabajo para todos de manera que los jóvenes pudiesen volver a vivir aquí, que nacieran nuevas generaciones de jariegos, etc.


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